Islas Anglo-Normandas y el campo de concentracion de Alderney.

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Guernesey, Sark, Jersey y Alderney (Aurigny) fueron ocupadas por los alemanes en verano de 1.940. Alderney fue evacuada en la primavera de 1.940, pero Sark, Jersey y Guernesey fueron ocupadas por los nazis con todas las poblaciones. La de Sark fue deportada totalmente a Alemania, excepto 6 hombres que, junto con algunos hombres enviados de Guernesey se quedaron para cuidar del ganado, vigilados por los SS.

A las defensas naturales de Sark, los nazis añadieron nidos de ametralladoras, y a las fortificaciones napoleónicas de Alderney, consideradas insuficientes por los alemanes, se añadieron más trabajos militares, sobre todo por la costa.

En Aurigny (o Alderney), antes de la guerra, algunos presos comunes fueron destinados a trabajar en la cantera de piedra existente en la isla. Durante la guerra instalaron un campo de concentración llamado Norderney, al que llegaron poco después los primeros prisioneros franceses condenados por las autoridades de Vichy, y tras ellos, los judíos casados con mujeres arias hacia los que, el enviarlos allí, se consideraba un trato de favor. Estos judíos, eran residentes en Francia y, para poder escapar a la deportación a los campos, tenían que conseguir 7 certificados que probasen la condición de aria de su esposa.

A mediados de 1.941, empezaron a llegar los primeros republicanos españoles, alemanes, norteafricanos, tres chinos y varios italianos.
Los alemanes llevaban el traje de rayas de los campos nazis, y eran presos comunes o asociales. Los españoles llevaban un brazalete con una R y una S (Rot Spanier - Rojo español), y los franceses se diferenciaban por una raya blanca pintada sobre la costura de las perneras del pantalón.

A principios de 1.942 llegaron los primeros prisioneros soviéticos. Fueron los únicos que conservaron sus prendas de orígen, con las que eran localizados fácilmente. Fueron el blanco preferido de los SS, y muchos murieron de forma atroz.

Por Aurigny pasaron unos 1.500 franceses, varios miles de soviéticos y unos 500 españoles.

Según el testimonio de Manuel Izquierdo, El 25 de julio de 1.941 unos 1.400 españoles fueron embarcados en el campo de Argèles-sur-Mer, a los que se sumaron otros 600 procedentes del campo de Rivesaltes. Tras atravesar la línea de demarcación, el convoy se dirigió al campo de Saint-Pierre-de-Quilvignon, donde se encontraban miles de esclavos de otras nacionalidades empleados en las fortificaciones del "Muro del Atlántico".
Ante las evasiones que se producían a diario, individuales y en grupo, llovían las amenazas y los castigos, y como los que más destacaban en estas "desapariciones" eran los españoles, se centró sobre ellos la "gran represalia", 300 de ellos fueron designados para ir a Alderney, y de éstos, 3 escaparon por el camino, por lo que el 3 de febrero de 1.942 llegaron al campo de Norderney 297 españoles.
Poco después, llegaban a la isla unos 3.000 soviéticos ucranianos, casi todos menores de edad, y empezaron las obras militares en la costa que se convirtieron en un infierno por los malos tratos, el hambre y la miseria.
Un tiempo más tarde, llegaron prisioneros de otras nacionalidades, más soviéticos, y otros 66 españoles.

Los alemanes tenían pensado emparedar en una especie de fosa común, llamada "el túnel", a los prisioneros, en caso de rebelión o desembarco aliado, y al no tener cámaras de gas ni hornos crematorios en este campo, a los muertos por epidemias por falta de agua potable (sobre todo Tifus), los emparedaban ahí. Otros presos fueron enterrados en zanjas comunes y quemados con gasolina, lanzados al mar para que se los comieran los tiburones, o metidos en las hormigoneras y diluidos en el mortero.

Norderney dependía de la administración de Neuengamme, cerca de Hamburgo, que era el campo principal, cuyos presos habían sido cedidos por la administración SS a una empresa de Coblenza, que, a su vez, los subarrendaba a los servicios militares alemanes, sobre todo a la Organización Todt y a la marina de guerra.

Según Manuel Izquierdo, la mole rocosa de la cantera había sido puesta al descubierto tras apartar la tierra de los alrededores. De ella extraían los bloques que eran cargados en los trenes para ser llevados a las trituradoras, donde se convertían en grava.
Las hormigoneras tragaban cemento y grava a toda marcha, y la mezcla se vertía en los encofrados de las fortificaciones o de los refugios subterráneos. 
Trabajaban 12 horas diarias, cubriéndose con sus propias ropas, y cuando las tenían usadas y el calzado roto, tenían que usar un saco y andar casi descalzos.
En el camino a la cantera, los presos cogían la hierba y se la comían en el momento.

Los españoles consiguieron hacerse con un aparato de radio, y gracias a ello mantenían su moral, escuchando las noticias de Radio Londres.

El 7 de mayo del 44 se recibió la orden de evacuación del campo, y los prisioneros debían ser trasladados a Neuengamme vía Francia. Desde Cherburgo hasta Lille y Hazebrouck, un gran número de presos consiguieron escapar de los trenes ayudados por los ferroviarios, y los que fueron capturados de nuevo, algunos fueron fusilados en el acto, y el resto, fueron internados en los campos de Boulogne-sur-Mer (Francia), y Dixmude (Bélgica).

Los últimos presos que salieron de la isla lo hicieron la noche del 26 al 27 de junio, recién liberada Cherburgo. En Aurigny solo quedaron 20 republicanos españoles que tenían "trabajos especiales". Los presos fueron llevados a Guernesey donde permanecieron dos días, y de allí a Jersey, siendo evacuados a primeros de julio hacia el puerto bretón de Saint-Malo. 

Uno de los barcos que transportaba prisioneros, el Minotauro, fue alcanzado por varias bombas lanzadas por los aviones y se hundió, por lo que la mayoría de los presos murieron ahogados o bajo la metralla.

El 10 de agosto de 1.944, los republicanos españoles fueron encerrados en la bodega de un barco que les trasladó a la isla de Jersey, y allí, en Fort Régent, se reunieron con otros deportados a quienes se les había encomendado realizar varias destrucciones en el puerto de Saint-Helier. El almirante de la isla la rindió el 8 de mayo de 1.945, y este grupo de prisioneros fue liberado el 9 de mayo, 24 horas después de concluir en Europa la 2ª Guerra Mundial.

Bibliografía: El holocausto de los republicanos españoles (Eduardo Pons Prades); Ed. Belacqva

"La esclavitud es una condena, tanto para el dueño como para el esclavo, para el esclavo es la condena de su vida y para el dueño la de su alma."  - Anónimo
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La solidaridad y entrega de dos doctoras sovieticas en Ravensbrueck.

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Dentro del campo de concentración de Ravensbrück, el campo más grande en Alemania, destinado especialmente a mujeres, situado a unos 90 km al norte de Berlín, se formó un Komando llamado Schönenfeld, destinado a trabajar en una fábrica de armamento de aviación.

La enfermería del Schoenenfeld (Revier) era la antesala de la cámara de gas, y allí ingresó Mercedes Nuñez (Alias Paquita, en la resistencia, detenida en 1.944, y deportada a Ravensbrück con matricula nº 4.068), dónde fue testigo de la solidaridad de dos doctoras soviéticas con las enfermas del revier.

Al revier iban los médicos nazis con su bata, para señalar con el dedo a aquellas que acabarían en el crematorio del campo central, con un simple: “¡Transport!”. Y allí trabajaban dos doctoras soviéticas, la doctora Maria, médico del Ejército Rojo soviético, y la doctora Irena, mayor que ella, y bolchevique de la vieja guardia que participó en la Revolución de Octubre.

Según su testimonio a Eduardo Pons Prades en “El Holocausto de los Republicanos Españoles”, Paquita ingresó en el Revier, en abril de 1.945, muy grave, afectada de hemotisis (hemorragia en el aparato respiratorio). Estando ingresada, la doctora María, se sentó junto a su cama, y le dijo:” Debes ayudarme. No hables, no te muevas hasta que yo te diga. Ni una palabra, ni un gesto. Resiste, camarada, que pronto seremos libres...”.

Las dos doctoras luchaban cada día por mantener con vida a las enfermas, cuidándolas con recursos mínimos, robando medicamentos a los nazis, y ocultando hasta el límite la gravedad de las enfermedades que tenían para evitarles el Transport.

Unos días más tarde, el 13 de abril, desde el revier pudieron oír en la lejanía un estruendo de cañones.

Los aliados avanzaban, y, como en el resto de campos, los nazis ordenaron la evacuación inmediata y total del Komando. A finales de marzo de 1.945 Himmler dio la orden de evacuar Ravensbrück, y aquellos que podían moverse iniciaron la marcha de la muerte hacia a Mecklenburg, a pie.

En el Revier solo quedaron un grupo de poco más de 100 mujeres incapaces de hacer el menor esfuerzo, que, cuando vieron alejarse al resto de prisioneras escoltadas por los SS y sus perros, comenzaron a sumirse en una situación dramática, sabiendo que los nazis no acostumbraban a dejar a nadie detrás ni testigos vivos de sus crímenes, por lo que el silencio tenso y angustioso se hizo dueño de la situación mientras pensaban qué final les tendrían preparado. Pese a su precario estado de salud, aún les quedaba la suficiente fuerza de voluntad para querer evitar el pánico. Y fue en ese momento, cuando vieron entrar de nuevo en el Revier a las dos doctoras soviéticas como una tromba.

Las doctoras Maria e Irena, arriesgando su vida al desobedecer las órdenes de los SS, en lugar de abandonar el campo, se habían escondido para compartir la suerte de las enfermas, fuera cual fuera, lo que provocó en las prisioneras una emoción, que califican como “indescriptible”, llorando unas, sonriendo otras, sin fuerzas para gritar.

Solo con su presencia, las dos doctoras les restituían la esperanza.

Durante 5 días, con los obuses volando por encima del revier, Maria e Irena cuidaron de las enfermas, serenas, sonrientes y sin mostrarles el mínimo atisbo de nerviosismo, con entrega maternal, hasta que llegó la liberación, y pudieron ser ingresadas en hospitales.

Una vez liberadas por los aliados, las doctoras, con la mayor sencillez posible, dijeron:
¡Nos quedamos con vosotras porque creíamos que el campo estaba minado!”.

"La venganza es un placer que dura solo un dia; la generosidad es un sentimiento que te puede hacer feliz eternamente." - Rosa Luxemburg
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Supervivencia, Testimonio y Arte. Españoles en los Campos Nazis

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La sala de exposiciones de Santo Domingo de Salamanca acoge del 26 de abril, al 30 de mayo la exposición "Supervivencia, Testimonio y Arte. Españoles en los Campos Nazis", que reúne pinturas, maquetas, grabados y esculturas realizadas por supervivientes españoles del campo nazi de Mauthausen, en el que estuvieron recluidos entre 1.940 y 1.945, que constituyen un testimonio de lo visto y lo vivido en aquellos años.

La mayor parte de las obras expuestas proceden de dos donaciones realizadas al Ministerio de Cultura. Las maquetas y las obras pictóricas han sido cedidas por la FEDIP y la colección escultórica por la familia de Ángel Hernández García (Hernán).

No es una exposición al uso, porque casi ninguno de los autores de las obras expuestas fue nunca un profesional del arte ni personas cercanas a los medios artísticos, y no aspiraron a que sus obras fueran consideradas en función de sus cualidades plásticas. Probablemente, para alguno de ellos, su relación con estas actividades, aparte del tiempo dedicado a estas obras, fue muy reducida, aunque si está presente también algún autor que si tuvo formación académica como artista, e incluso logró cierto reconocimiento.

Los autores reunidos en esta exposición se enfrentaban a la memoria de unas vivencias que marcaban de manera tajante un antes y un después en sus vidas. No sólo habían regresado de una experiencia extrema, y habían sobrevivido, sino que habían sido testigos de como muchos otros, la mayoría de sus compañeros, habían sucumbido y no iban a poder contarlo.

Luchar contra la ignorancia de los crímenes cometidos era una forma de victoria contra sus perpetradores y permitía ver un futuro más esperanzador.

De los autores que se exponen, solo quedan dos con vida. Con sus obras, quedan para el futuro sus testimonios.

Os dejo una muestra de lo que podéis ver en la exposición:
Ramón Milá Ferrerons, 1.946.
Milá recrea una escena correspondiente a 1.940-1.941 en que un kapo apalea un preso judío. Aún no habían tenido lugar las deportaciones masivas de judíos, pero los llegados a Mauthausen encontraron la muerte en un plazo muy breve.

Ramón Milá, 1.946
Preso tallando piedra.

 Luciano Aznar Sesé caricaturizado por José Cabrero Arnal en el Kommando Steyr.

Ramón Milá Ferrerons
Evocación de Mauthausen

 Enrique Martín Hernández
Mauthausen: la cantera Wienergraben

 Enrique Martín Hernández
Le mur des suppliciés / El muro de los torturados.

 
Ángel Hernández García - Hernán.

Quiero dedicar esta entrada a Miguel y Tere, pues no se me ocurren mejores acompañantes para haber visitado la exposición. Gracias!!.

"No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace." - David Hockney
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Campos de concentracion, exterminio y extenuacion.

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Ya vimos la clasificación, estratificación y funcionamiento de los campos, desde que a principios de 1.941 Himmler decide clasificarlos, hasta que la arrogancia de los nazis dejó paso a la rabia tras las derrotas de El Alamein y Stalingrado.

Cuando los alemanes vieron que las cosas no iban a ser tan fáciles para ellos en la guerra, como pensaban, deciden establecer una nueva organización, el 30 de abril de 1.942, las SS-WVHA, que tendría plena responsabilidad sobre los campos de concentración, recayendo el mando sobre Oswald Pohl, cuyas decisiones serían aplicadas a todos los comandantes de los campos por Richard Glücks, que actuaba como inspector general de los campos (ya había visitado Mauthausen en 1.940 y 1.941).

El día de su nombramiento, Pohl le escribió a Himmler: "la guerra ha modificado con bastante claridad el objetivo del KZ. Nuestra misión es ahora reorientar sus funciones hacia el plano económico". Y a los comandantes de los campos, les escribió: "el comandante del campo es la única persona responsable del empleo de la fuerza de trabajo. Este empleo debe ser total en el sentido profundo del término, con el fin de obtener la máxima productividad. No hay límites a las horas de trabajo. Los límites dependerán del tipo de labor, y las horas serán fijadas por el comandante. Todos los factores tendentes a reducir el horario de trabajo deben limitarse al máximo. Las pausas para comer al mediodía han de reducirse al menor tiempo posible."

La orden de Pohl iba acompañada de las selecciones de los débiles, no aptos para el trabajo, para ser asesinados.

El programa de industrialización de la WVHA aceleró el desarrollo, que ya estaba en curso, de la creación de una constelación de campos subsidiarios (Nebenlager). Estos Nebenlager estaban administrados por el campo principal (Hauptlager, Stammlager o Mutterlager) y se vincularon con los principales grupos industriales. Para conseguir que estas fábricas fueran invulnerables a los bombardeos aliados, se obligaba a los prisioneros a excavar centenares de túneles subterráneos.

Los comandantes de los campos recibieron un nuevo cargo, y pasaron a ser Directores Industriales (Betriebsleiter), recompensándoles con con una segunda paga, además de la recibida como comandantes del campo.

Estas nuevas medidas, también tenían sus detractores, puesto que 3 meses antes, el 20 de enero de 1.942, se había tomado la conclusión de la "solución final para la cuestión judía" en la reunión de Grossen-Wannsee, y los partidarios de la RSHA veían estos planes como una interferencia para los planes de exterminio programados. Los miembros de la administración de las SS que pensaban que era más importante liquidar a los judíos y demás enemigos que luchar por la victoria veían este programa como una traición, pero el mando lo tenia la WVHA y a los judíos capaces de trabajar se les permitía hacerlo...hasta la muerte.

Las pautas marcadas por Pohl suponían que el Reich ya no derrocharía la máxima productividad de cada prisionero poniendo fin prematuramente a su existencia. Por aquel entonces, el promedio de esperanza de vida calculado para estos prisioneros estaba recogido en tablas cuidadosamente compiladas en las oficinas centrales, y era de nueve meses. El beneficio medio obtenido de nueve meses de trabajo en régimen de esclavitud se estimó en 1.631 reichsmark, incluyendo en el haber el valor medio de las pertenencias confiscadas a cada prisionero, y en el debe, el coste de alimentarle y vestirle, pero no consideraba el valor de los huesos y las cenizas.

En la realidad, los comandantes de cada campo aumentaban o atenuaban estas directrices según su criterio, aunque la gran mayoría las aumentaron, por lo que la esperanza de vida real era inferior a 9 meses.

Los oficiales de las SS y los kapos, en los campos, seguían asesinando prisioneros, a golpes, arrojándoles por precipicios u obligándoles a lanzarse contra las vayas electrificadas, por lo que la Gestapo ideó una solución: la oficina de la Gestapo de cada campo, incluiría un oficial responsable de investigar todos los casos de "muerte no natural", de abrir procedimientos contra todo aquel imputado por conducta reprobable y de remitir un informe a los tribunales de las SS (en Viena en el caso de Mauthausen) y la RSHA en Berlín.

Los informes fueron cumplimentados, pero falseados con descripciones de intento de escape, accidentes de trabajo o actos de suicidio, por lo que los SS salían absueltos de responsabilidad.

A finales de 1.942, la WVHA descubrió que la tasa de mortandad no se reducía, y respondió a los responsables médicos de cada campo, con una copia a los comandantes respectivos, recriminándoles el hecho de que de los 156.000 prisioneros llevados hasta ese momento a los campos, más de 70.000 hubieran muerto ya que, a ese ritmo, la población total de reclusos nunca alcanzaría el nivel deseado por el Reichsführer-SS (Himmler), recordándoles al final de la carta, que el mejor médico no es el que se distingue por su severidad, sino el que preserva la capacidad de trabajo del prisionero durante el mayor tiempo posible. Pero a esas alturas, los campos ya eran mecanismos que funcionaban cada uno con su propia lógica.

Himmler parecía encontrarse en una posición intermedia entre los idealistas de la RSHA y los realistas de la WVHA. En 1.943 bramaba contra los altos índices de mortalidad, y el 15 de mayo Pohl y Glücks emiten una orden que ofrecía recompensas a los prisioneros que se comportaran y rindieran bien, y en 1.944 mostró total indiferencia viendo la aparente inagotable disponibilidad de mano de obra que llegaba de todos los rincones de Europa, permitiendo que el jefe de la Gestapo, Heinrich Müller, emitiera una orden el 4 de marzo, desafiando a la WVHA, en la que decía que todo el personal militar que escapara y fuera capturado sería enviado en secreto, a Mauthausen, donde sería ejecutado nada más llegar con un tiro en la nuca.

Este fue el orígen de la Kugel-Aktion, la práctica de estampar la letra K en los papeles de un prisionero. Cuando llegaba a Mauthuasen, no se le anotaba en el registro ni se le daba número, pues enseguida sería asesinado.

La orden de Müller fue adoptada 4 meses después por Wilhelm Keitel, jefe de personal de la Wehrmacht, y responsable de la firma en diciembre de 1.941 del decreto Nacht und Nebel (noche y niebla). Ordenó que, exceptuando británicos y estadounidenses, todo prisionero de guerra al que se capturara después de un intento de fuga, fuera entregado al Sicherheitsdienst para la ejecución de la orden, pero en el más estricto secreto, por lo que los registros de la Wehrmacht debían consignar que el fugado no había sido atrapado.

En 1.943, así como Himmler tenía un abastecimiento constante de mano de obra, la Wehrmacht empezó a encontrarse con escasez en sus filas, que iba empeorando, lo que significaba la reducción del número de guardianes de las SS. La escasez de personal, dio la oportunidad de servir en la Wehrmacht a algunos prisioneros, sobre todo a los que llevaban el triángulo verde.

La inmensa mayoría de los prisioneros permanecieron en los campos, y el ritmo de construcción en el último año de guerra los puso en una situación aún peor de lo habitual. Los nazis sabían que su última esperanza era fabricar armas superiores y lo consideraron una carrera contrarreloj, lo que aumentó más aún la tasa de mortalidad.

Los campos de exterminio (como Auschwitz) nunca perdieron su función.

Bibliografía: Españoles en el Holocausto (David W. Pike); Ed. Debolsillo.
"El peligro del pasado fue que hizo esclavos a los hombres. El peligro del futuro es que lleguen a ser robots." - Enrich Pinchas Fromm
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La rondalla española y el cuadro escénico de Mauthausen.

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Para contribuir a que la escasa esperanza que mantenían los presos no se agotase, era necesario que algunos de ellos tuvieran iniciativas que distrajeran al resto, haciendo que sintieran que, al no doblegarse del todo, en cualquier momento pudiera volver a resurgir la persona que llevaban dentro, como hicieron los españoles, aportando su grano de arena con su alegría, buen humor, y canciones, intentando distraer y devolver la sonrisa a la gente.

Agruparse por regiones y entonar canciones del terruño casi silenciosamente, era habitual entre los españoles.

En la primavera de 1.943, el asturiano Sanchez "el Juaco", carpintero, y familiarizado con coros y música en su tierra natal, puso en marcha la rondalla española de Mauthausen, pidiendo la colaboración de todos los compañeros que trabajaban en los talleres de carpintería, para que recuperasen restos del material empleado en la fabricación de los muebles de los SS.

Entre todos, consiguieron crear las piezas necesarias para montar los instrumentos musicales, a escondidas de los Ss y de los Kapos. El proceso era: robar, almaenar, cortar, cepillar, lijar, acoplar, pegar y ajustar.

Se montaron laúdes, guitarras y bandurrias, y las clavijas, que no se podían hacer,  se consiguieron a través de Boix, que, por medio de su "clientela" SS consiguió que se las llevases desde Linz, a 20 km. del campo.

Las cuerdas se conseguían a través de los compañeros que trabajaban en la desinfección, introduciéndolas en el campo igual que los instrumentos, disimuladas entre la ropa transportada de la desinfección al lavadero. (Al Effektenkamer le llamaban "la cueva de Alí Babá" por la cantidad de cosas que se podían encontrar procedentes de las maletas de los judíos)

En unas semanas, los carpinteros españoles habían montado la primera bandurria, y Sánchez, Botella, Canales y Azaustre daban el visto bueno, desde el punto de vista musical (si tenían mala sonoridad los desechaban).

Botella daba clase de solfeo a varios jóvenes.

Los SS descubrieron los instrumentos, y curiosos y sorprendidos por el hecho de que se hubieran fabricado allí mismo, delante de sus narices, sin que se dieran cuenta, no tuvieron una reacción tan violenta como se esperaba. Es posible que pensaran que mientras los españoles cantaran y bailaran no se dedicarían a otras actividades más peligrosas para ellos.

En la barraca 13 (la que servía de "Plana Mayor" a los españoles para sus actividades militares y políticas), que era el almacén más importante de todo lo que estaba destinado a la solidaridad, fue donde tuvo lugar el primer concierto, y por primera vez, se oyeron jotas, pasodobles y alguna pieza clásica como "El sitio de Zaragoza".

En ese momento, hasta los más necesitados de descanso abandonaron su camastro para unirse a cantar alguna copla o algún estribillo.

Un tiempo después, comenzaron a darse conciertos los domingos por la mañana, con un coro dirigido por Sánchez "el Juaco", y más adelante, Garriga solicitó permiso a los Ss y pudo agenciarse un acordeón que tocaba él mismo, prestado por el grupo de músicos que tocaba acompañando a los presos evadidos hacia el patíbulo.

Por este mismo camino, tras la rondalla, nació el cuadro escénico, que debutó con una comedia, con guasa ibérica de la mejor, y a la que puso música Garriga, titulada "El marajá de Rajaloya".

Ensayaban cada tarde entre la vuelta del trabajo y el toque de queda. 

Los sastres españoles, con materiales "recuperados" confeccionaron trajes orientales, y los pintores hicieron decorados magníficos (uno de ellos llegó a representar la plaza de Cibeles de Madrid, con casas incluidas, cuyos balcones se alumbraban con velas de sebo que presos españoles sujetaban detrás del escenario).

Estas iniciativas fueron conocidas por el alto mando del campo, pero a día de hoy, nadie se explica aún cómo es que ni Ziereis ni Bachmayer pidieron cuentas, ni siquiera para hacerse rogar por los deportados. Solo imponían restricciones cuando se decretaba algún castigo colectivo y los presos debían permanecer recluidos en sus barracas.

Todas las reuniones que se producían con motivo artístico o musical, eran aprovechadas, además, para los fines políticos o militares de los republicanos españoles, actividad que deportados de otras nacionalidades tardaron mucho tiempo en detectar, y que los SS nunca llegaron a sospechar.

Bibliografía: El holocausto de los Republicanos españoles (Eduardo Pons); Ed. Belacqva

"La peor de las fatigas es abandonarse" - Luis Gil, superviviente de Mauthausen
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Enseñar la Historia con Comics

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Contar la historia en forma de cómic atrae más la atención de los lectores jóvenes. La Casa de Ana Frank publicó, en colaboración con el «Hollandsche Schouwburg» (Teatro Holandés), de Amsterdam, un cómic que ofrece a los jóvenes la posibilidad de tomar conocimiento de los hechos más importantes del Holocausto de una manera acorde con su edad, y les enseña lo que significó para una serie de personas que desempeñaron distintos papeles y ocuparon distintas posiciones (víctimas, autores, protectores y testigos), así como los dilemas e interrogantes a los que se enfrentaron: “Der Suche” (La búsqueda). Varios centros de Alemania lo incorporaron a sus clases de Historia.

Estudios realizados en 2.007/2.008 revelaron que los jóvenes alemanes menores de 20 tenían escasos conocimientos de la historia del siglo XX. Mientras todos sabían de Hitler y lo reconocían, sólo uno de cada tres sabía qué es el Holocausto. Y menos de uno de cada diez podía identificar a Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda, y otros secuaces de la dictadura. La mayoría tampoco sabía cuándo comenzó la Segunda Guerra Mundial y menos del veinte por ciento podía nombrar a las cuatro Potencias que ocuparon Alemania después de la guerra.

Al mismo tiempo, algunas voces alertaban de la popularización, por simple desconocimiento, de algunas palabras o expresiones usadas por los nazis (por ejemplo, “el trabajo os hará libres”).

La Casa de Ana Frank en Berlin, publicó en colaboración con el «Hollandsche Schouwburg» de Amsterdam, el cómic dibujado por el artista holandés Eric Heuvel,i destinado a niños de 13 a 16 años, en el que, recurriendo a una técnica del dibujo muy popular a mediados del siglo XX: tienen gran similitud gráfica con los personajes de Hergé en su famoso cómic Tin Tin, relata los hechos más importantes del Holocausto a través de las experiencias vividas por una familia ficticia durante la ocupación alemana.

El estilo tradicional de dibujo del cómic es intencional. Según los responsables del Centro Anne Frank: “Un estilo más actual podría haber sido interpretado como una banalización del nazismo, pero el estilo de años 50 inserta al cómic en una era pasada que debe seguir perteneciendo al pasado”.

El texto de la contraportada del libro, explica: Esther es una mujer judía que al cabo de muchos años visita la granja holandesa donde tuvo que esconderse durante la Segunda Guerra Mundial cuando solo era una niña. Allí sufrió una experiencia espantosa. Sus padres murieron en los campos de concentración de Auschwitz y siempre se ha preguntado como debieron ser sus últimos días. Daniel, su nieto adolescente, le ayuda a reconstruir la historia. Consigue encontrar un viejo amigo, Bob, la última persona que vio a su padre con vida. El relato de Bob la sacudirá profundamente y revelará un pasado demasiado amargo para poderlo olvidar.

Historiadores holandeses y extranjeros han colaborado en todas las fases de desarrollo de la obra, leyendo, haciendo observaciones y aportando sugerencias. Asimismo, para el desarrollo de la obra y del material didáctico se contó con la colaboración de un gran número de docentes y alumnos.

Muchos educadores saludaron la publicación del cómic, y los colegios de Berlín y el estado alemán de Westphalia incorporaron en 2.008 a sus clases de Historia el cómic de Heuvel, como proyecto piloto para la enseñanza.

"La Búsqueda" está acompañado de material didáctico especialmente desarrollado para la enseñanza secundaria. En el cuaderno de tareas, los alumnos trabajan con distintos temas. Los cuatro papeles – víctima, actor, protector y espectador – constituyen el punto de partida. Partiendo de una serie de ejemplos concretos, los alumnos aprenden a identificarse con las disyuntivas y dilemas de la época, y para los docentes hay unas instrucciones con sugerencias prácticas e información de fondo.

Los temas tratados y el tipo de tareas se ajustan a los objetivos centrales de la asignatura "hombre y sociedad".

Tras dos años de pruebas del material, se ha concluido que es apto para otras edades y todo tipo de escuelas, por lo que este año se presentó como material didáctico en Colonia, haciendo talleres de introducción al material los días 19 y 20 marzo.

Una muestra de este cómic:
(pinchar en la imagen para verla en grande):
  • - Pero todo salió mal
  • - Me fui a la escuela ese día, como de costumbre
  • - No me di cuenta en ese momento que me estaba despidiendo para siempre
  • - Suerte con tu examen
  • - Si, gracias!
  • - Debería haber estudiado más...
  • - Te veo luego, Esther!
  • - Si, adiós mamá!.
  • - Más tarde...
  • - Fue mejor de lo que esperaba. Tal vez incluso haya aprobado.
  • - Eh... que?
  • - Era el padre de Helena. Trabajaba para la policía...
  • - Hola, Señor, qué pasa?
  • - Escucha. Han detenido a tus padres. ¿Quieres ir con ellos o a algún otro sitio?
  • - Fue una decisión difícil, pero al final decidí ir a casa del profesor Bouwer.
  • - Esther, ¿qué es esto?. Rápido, entra.
  • - Mis padres han sido detenidos mientras estaba en la escuela. Así que, ¿ahora qué?
  • - Quédate aquí esta noche. Lo arreglaré para que alguien te recoja mañana.
  • - Hey... ese policía, ¿era tu abuelo?
  • - Mi bisabuelo. El padre de mi abuela.
  • - Me aseguraré de que vuelva a haber trabajo. Se terminará la pobreza
  • - Fantástico
  • - ¡Por fin!
  • - ¡Heil Hitler!

  • - La llegada al campo de Bob la recuerdo bien...
  • - Nos mantendremos unidos...
  • - Dejad el equipaje
  • - Fuera, Fuera!!!, más rápido!

El cómic "La Búsqueda", es la continuación de "El descubrimiento", del mismo autor, también dirigido a niños, que relataba la vida de los judíos en Europa entre 1.933 y 1.940.
Este primer libro de historietas obtuvo en su momento una muy buena acogida por parte de docentes y alumnos en Holanda, y A partir de entonces, se planteó la necesidad de tratar del mismo modo accesible un tema tan complejo como la persecución de los judíos.

"El Descubrimiento" relata las peripecias de la familia Van Dort en tiempos de guerra: En el desván de la casa de su abuela Helena, Jeroen busca cosas viejas para vender en el mercadillo del día de la Reina. Entre todos los trastos se topa con unos álbumes  que datan de la Segunda Guerra Mundial. En una de las fotos aparecen la abuela Helena y su vecinita Esther. La abuela le cuenta a Jeroen que durante la ocupación sucedieron cosas en la familia sobre las que siempre se guardó silencio. Cuando participa en la conmemoración del 4 de mayo, día de los caídos, Jeroen descubre algo que lo conmociona...
  • - Hola Sra. Hocht. Está Esther?
  • - Pasa. Esther ha tenido malas noticias...
  • - No puedo volver al colegio después de verano. Los estudiantes judíos tienen que separarse de los escolares.
  • - Eso es terrible!
  • - No podemos hacer nada... pero el nuevo colegio está cerca de nuestra escuela...
  • - Al menos podremos ir andando juntas a la escuela!
  • - Era más agradable estar con Esther, pero su familia también tenía sus preocupaciones.
  • - Lo dije en 1938!. Deberíamos habernos ido a América.
  • - Cómo podíamos saber que los nazis ocuparían Holanda?
  • - Me alegro de que podamos volver al colegio.
  • - Yo también, me vuelvo loca en casa...
  • - Te veo después de clase.
  • - Mi profesor de historia en el colegio fue sustituido por un miembro del partido nazi holandés. Imediatamente le odíamos.
  • - ... y en este libro, Hitler explica sus ideas. Escribió en 1925 que...

Fuentes: Anne Frank, Deutsche Welle, El País
"Enseñar no es una función vital, porque no tienen el fin en sí misma; la función vital es aprender. " - Aristóteles
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La Batalla de La Madeleine y el final de Cristino Garcia Granda.

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Cristino García Granda fue el guerrillero español más famoso en Francia, y un símbolo de la Resistencia francesa. Fue un hombre disciplinado que sabía imponer la disciplina, modesto, con nervios templados, meticuloso en la preparación de las operaciones de que era responsable y decidido a la hora de su realización, jefe, compañero y amigo de cuantos estaban a sus órdenes, que nunca abusó de su autoridad y, no pretendió los honores de su triunfo.

La tercera de las grandes hazañas de Cristino fue la batalla de la Madeleine, una de las acciones más importantes de los guerrilleros de la 21ª Brigada de la 3ª División, mandada por Cristino.

Hacia mediados de agosto de 1.944, ya efectuado el desembarco aliado en Normandía, los guerrilleros reciben la orden no dejar circular a los alemanes. Había que aislarlos, cercarlos y combatirlos hasta donde los medios de ataque lo permitieran; pero sobre todo impedirles sus movimientos a fin de evitar que las fuerzas nazis acudieran al norte a reforzar las defensas alemanas de Normandía donde desde el 6 de junio se libraban las primeras y decisivas batallas de la invasión.

Cristino tiene noticia de que una columna de la Wehrmacht que ha salido de Toulouse se dirige hacia París. La columna, tendrá que pasar obligatoriamente por el cruce de la Madeleine, en las cercanías de Tornac, con dirección a Anduze o Nimes. Esa carretera es estrecha, va por un espeso bosque, cruza el puente del ferrocarril Lezan-Anduze y sigue por un trecho más recto y despejado. Es un sitio perfecto para una emboscada.

El 24 de agosto de 1.944, de madrugada, un destacamento de 34 guerrilleros de la 21ª Brigada llega allí, y a continuación lo hacen cuatro FTPF franceses, expertos conocedores de aquel terreno, que les asesoran sobre dónde deben situarse. Toman posición en las alturas colindantes al Castillo de Tornac (cuyo pueblo es evacuado), desde donde dominan la carretera y el terraplén de la vía férrea, mientras que los especialistas en explosivos colocan cargas debajo de los puentes de la carretera y del ferrocarril.

Cristino en persona pone la primera mina. Cada diez metros hay una; una red de cables las une y éstos están dispuestos en tal forma que al estallar las de la cabeza, unas tras otras lo harán las del centro y la retaguardia. Con este dispositivo todo el convoy será destrozado.

Sobre las tres de la tarde, avistan un grupo de motoristas encabezando una numerosa columna del ejército alemán, compuesta de 60 camiones, 3 cañones y 5 blindados, con unos 1.500 hombres, y desde el mando se dan órdenes estrictas de permanecer cada uno en su puesto en espera de que la columna se aproxime a los puentes y una parte de la misma comience a cruzarlos, momento en el que volarían los puentes, entre el cruce de la carretera y el pueblo de Tornac.
Cristino da orden de volar el puente, cortando así la vía férrea. Una nueva explosión intercepta la carretera detrás de la columna. La caravana germana queda inmovilizada, sin poder avanzar ni retroceder.

Se entabla un duro combate que se prolonga hasta el anochecer. Las armas de los guerrilleros barren la carretera y los alemanes, sorprendidos, no aciertan a tomar posiciones y a responder a las balas que les caen del monte, sin que sepan de dónde, porque los guerrilleros después de cada ráfaga de metralleta se desplazan continuamente dando al enemigo la sensación de ser un nutrido ejército.

Los alemanes, convencidos de que los enemigos son mucho más numerosos, tocan alto el fuego, y deciden formar un cuadro para evitar ataques por sorpresa y resistir hasta que llegue la noche. Muy entrada la noche, sus tanquetas intentan romper el cerco que les han hecho, pero para detener el avance de las tanquetas, se destaca un grupo de dinamiteros, cuya intervención rápida y acertada logra inutilizar 4 y dejar “clavadas” en el sitio a las fuerzas atacantes, que no vuelven a hacer un nuevo intento.

Cuando mayor es el desconcierto de los soldados alemanes, un guerrillero se encarama sobre el terraplén de la vía y a voz en grito les invita a rendirse: "Estáis cercados por fuerzas muy superiores en número a las vuestras, ¡rendíos!", y ante su audacia, un oficial, tras un momento de estupor de los alemanes, grita: "Hacedle prisionero".

Un grupo de nazis se dirige hacia el español dispuestos a cogerle, vivo o muerto, pero éste, aprovechándose de su situación elevada, coge la metralleta y dispara con furia, haciendo una verdadera carnicería entre los que se adelantaban para capturarle.

La caravana cogida en la trampa no puede maniobrar y tiene numerosas bajas, por lo que los jefes alemanes se deciden por fin a parlamentar, y enarbolando una bandera blanca, salen a hablar con el mando español, aparentemente dispuestos a rendirse.

Al conocer la clase de fuerzas a las que se han estado enfrentando se encolerizan y con altivez ponen como condición que solo se rendirán a los oficiales del Ejército Regular y no a soldados de ocasión. Por parte de la guerrilla les proponen que, si van con dos o tres de sus oficiales de alta graduación, les acompañarán a ver al comandante de la gendarmería francesa de Anduze, lugar más próximo de donde se encuentran.

Se llega al acuerdo, y se decide una tregua de 2 horas. Dos oficiales enemigos son conducidos a Anduve para negociar con los jefes españoles en presencia de la Gendarmería francesa, representada por el comandante de puesto, única representación regular de la región. Los alemanes insisten para que se les deje el paso libre, comprometiéndose, a cambio, a no atacar a los guerrilleros. Cristino, de acuerdo con el comandante de la Gendarmería, propone, en cambio, la rendición incondicional.

Los alemanes, antes de terminar la negociación, creyendo sorprender a los sitiadores, rompen la tregua, lanzando un ataque a las posiciones guerrilleras con artillería, tanquetas, morteros y armas automáticas, que se prolonga más de dos horas.

Mientras tanto el mando general del departamento había sido prevenido y envió 70 combatientes franceses de las FTPF como refuerzos, lo que les permite colmar los huecos existentes en sus posiciones y cerrar un poco mejor el cerco a las fuerzas atacantes.

A media mañana, un soldado alemán enarbola la bandera blanca, y aprovechando el alto el fuego, recomienza un intenso tiroteo, seguido de otro fortísimo ataque contra las posiciones guerrilleras. Ante las dificultades para penetrar la línea de defensa, se lanzan en tromba en un tercer ataque, pero dos avionetas al servicio de la Resistencia bombardearon con proyectiles ligeros los camiones, incendiaron varios y consiguieron poner una "oruga" fuera de servicio dejando en el terreno decenas de muertos y heridos alemanes.

Desmoralizados, al filo del mediodía levantan bandera blanca y se rinden, en esta ocasión sin condiciones.

Los alemanes han tenido más de cien muertos, innumerables heridos y se les hace mil cien prisioneros, además de dejar en manos guerrilleras y francesas importantes cantidades de armas y municiones. En la parte española, hay solamente tres heridos de bala

El jefe alemán, el teniente coronel Konrad A. Nietzche se desnuda, quema la ropa y documentación, se rocía de gasolina, se pega fuego y se dispara al parietal, incapaz de afrontar el pánico de caer en manos de un puñado de guerrilleros y avergonzado por haber capitulado ante tan insignificantes fuerzas.

Esta batalla ganada al ejército alemán ponía punto final a la participación de la guerrilla española en la lucha contra las tropas de ocupación germana en Francia.

Terminada la II Guerra Mundial, el Partido Comunista intenta trasladar el movimiento subversivo a las ciudades españolas. El impulso definitivo de la guerrilla urbana se produce en enero de 1.945, cuando llega a Madrid José Vitini Flores.

Tras la caída de la guerrilla de Vitini, la delegación del PCE en Francia piensa en Cristino como el candidato más adecuado para sustituirle.

Cristino vuelve a España, llegando a Madrid el 19 de abril de 1.945, con las misiones principales de organizar grupos guerrilleros que tendrán que realizar actos de sabotaje, atracos y robos en los llamados “golpes económicos”, asaltos a centros de Falange, atentados contra la vida de miembros destacados del régimen franquista y de aquellos compañeros que son calificados de “dudosos” o chivatos, algo que sucedería con posteridad. También tienen como misión difundir la política de Unión Nacional a través del periódico Ataque, pero la policía descubre los dos primeros números de abril y mayo.

Cristino siempre estaba expuesto al peligro al tratar de dirigir las acciones personalmente con lo que ello significaba. Las principales acciones realizadas por la guerrilla urbana de Cristino son: colocación de un artefacto de plástico en un transformador de luz en la carretera de Extremadura, atraco a las oficinas de Renfe en el Paseo Imperial llevándose 21.148 pesetas, asalto al centro de Falange en la calle Ayala y atraco a la sucursal urbana del Banco Central de la calle Delicias, llevándose un botín de 143.000 pesetas.

Cristino es detenido el 18 de octubre de 1.945 en la Plaza Mayor de Madrid. Es llevado a los calabozos de la Dirección General de Seguridad donde es torturado bárbaramente, según narra en la carta dirigida a su partido, y de allí pasa a la Prisión Provincial de Madrid, “la cárcel de Carabanchel”.

El consejo de guerra contra Cristino García tiene lugar el 22 de enero de 1.946 en el Gobierno Militar de Madrid, y esta noticia escandaliza a los franceses (dónde es considerado un héroe de la liberación), que llaman a intervenir directamente en España.

La sentencia es emitida el 8 de febrero: condena a muerte para Cristino y otros guerrilleros. El 9 de febrero intercede el gobierno francés, y los guerrilleros españoles en Francia movilizan a partidos políticos, sindicatos, asociaciones de todo tipo, autoridades, corporaciones municipales con los alcaldes a la cabeza y a una gran parte de la opinión pública francesa.

No sirve de nada. El 21 de febrero son fusilados en el campo de tiro del Campamento.

El Parlamento francés vota por unanimidad una moción que invita al Gobierno francés a que prepare su ruptura con el Gobierno de Franco y el Gobierno francés concreta su repulsa por el asesinato de Cristino García con el inmediato cierre de la frontera, que duró casi dos años.

Francia presiona ante el Reino Unido y los EEUU para que se tomen medidas contra Franco, lo que conduce a la declaración de la "Nota tripartita" en marzo de 1.946 en la que se expresa el deseo de la retirada pacífica de Franco, la abolición de la Falange y el establecimiento de un gobierno provisional para restituir la soberanía popular.

El 25 de octubre, el Estado Mayor de la IX Región Militar, publicó la Orden General nº 25: "Resistente desde la primera hora, dotado de un alto espíritu de organización y de combate. Se le concede a este jefe de élite (Cristino García Granda) la atribución de la Cruz de Guerra con estrella de plata".

El historiador Daniel Arasa dice: "En el Consejo de Guerra a Cristino García el abogado defensor trató de exculparle diciendo que venía engañado a España. Pero Cristino le interrumpió y dijo que él había venido a España perfectamente convencido a luchar contra el franquismo y que volvería a hacerlo. Si difícilmente se hubiera salvado, con tales palabras su condena a muerte era segura". La declaración de Cristino fue: "Es falso lo que dice el abogado, que nosotros somos gente engañada. Somos patriotas antifranquistas convencidos, que no hemos abandonado la lucha contra los verdugos que oprimen a nuestro pueblo. He sido herido cinco veces en la lucha contra los nazis y sus lacayos falangistas. Se bien lo que me espera, pero declaro con orgullo que mil vidas que tuviera las pondría al servicio de la causa de mi pueblo y de mi patria."

"La libertad está en ser dueños de la propia vida."  - Platón
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Cristino Garcia Granda, la liberacion de la carcel de Nimes y la toma de Foix.

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Cristino García Granda, terrorista para España, y héroe para Francia, llamado por las poblaciones de los Departamentos del Gard, de Lozere y del Ardeche, “el libertador de los tres departamentos”, fue un asturiano, considerado por los historiadores corno el más destacado héroe español de la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia, al que se debe la increíble victoria de La Madeleine, además de la liberación de centenares de presos de la cárcel de Nîmes y la toma de Foix.

Nació el 3 de junio de 1.913 en Viodo, comarca asturiana de Gozón, y como la mayoría de sus paisanos trabajó como minero, y tomó parte en la revolución de octubre de 1.934.

En 1.936 trabajaba de marinero, encontrándose en Sevilla en el momento de la sublevación militar que inicia la Guerra Civil. La tripulación del barco se amotinó, se hizo con el mando y dirigió su rumbo hacia Gijón en zona republicana. Durante la guerra civil participó activamente en diferentes combates alcanzado por sus méritos el grado de teniente en el XIV Cuerpo del Ejército Guerrillero, y en 1.939, tras finalizar la guerra, se exilió a Francia donde fue internado en el campo de concentración de Argeles-sur-Mer durante once meses, saliendo a trabajar con otros mineros asturianos y vascos a las minas de carbón en el departamento de Gard, formando parte rápidamente de la dirección del PCE clandestino en la Grand Combe.

Entre finales de 1.942 y comienzos de 1.943, empiezan a formarse los primeros grupos guerrilleros que poco después constituirían la 21ª Brigada, perteneciente al XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles, mandada por Cristino.

El XIV Cuerpo de Ejército de los Guerrilleros Españoles estaba integrado en los Franc-Tireurs et Partisans (FTP), fundados en marzo de 1.942 por el Parti Comunista Français (PCF) y formados a su vez por miembros de dos organizaciones bajo control comunista, la Organisation Spéciale (OS), que databa de 1.940, y la Main d´Oeuvre Immigrée (MOI). Estaba formado por siete divisiones y 31 batallones, que ocupaban otras tantas regiones y departamentos en el mediodía. Jesús Ríos García es nombrado primer jefe del XIV Cuerpo y, al ser detenido en 1.943, lo sustituye Saturnino Gómez “Margallo”. En mayo de 1.944 el XIV Cuerpo, ante el crecimiento exponencial del número de miembros, se convierte en la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE). La Agrupación de Guerrilleros, aunque dependía teóricamente de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI-MOI), constituidas en diciembre de 1.943, disponía de una total autonomía y sus vínculos se reducían a la ayuda mutua.

Con la incorporación de nuevos combatientes voluntarios a la lucha guerrillera, se van creando nuevos grupos y facilitando al mismo tiempo el fortalecimiento, desarrollo y extensión del movimiento guerrillero y la constitución de la 3ª División, bajo el mando del comandante Cristino García, por lo que Cristino manda la 21ª Brigada, que actúa en la región de Gard, desde marzo de 1.943 hasta enero de 1.944, y la 3ª División, que actúa en las regiones de Gard, Ardèche y Lozère, desde enero hasta agosto de 1.944. La 3ª división estaba formada por las brigadas 15ª, 19ª y 21ª.

Hasta principios de 1.944, las acciones guerrilleras en los tres departamentos, Gard-Lozere-Ardeche, en general, estaban orientadas a realizar actos de sabotaje en las instalaciones mineras, en las líneas de conducción eléctrica, en centrales y transformadores, vías de ferrocarril, recuperación de gasolina y alguna que otra cosa más.
Sus ataques lograron disminuir la producción minera de la zona en un 60%.

A partir de primeros de 1.944 es cuando empiezan las acciones guerrilleras. Cristino formó parte de tres grandes hazañas.

La primera gran hazaña realizada por Cristino, fuera de las zonas habituales de actuación y que causó un gran impacto en todo el Mediodía de Francia, fue el asalto a la Prisión Central de Nimes, realizado la noche del 4 de febrero de 1.944.

Esta cárcel estaba considerada poco menos que inexpugnable. Su administración pasaba por ser una de las más duras de todos los penales del país, por ser una prisión especial, en la que recluían a los presos reincidentes, traficantes de droga, chulos, matones, etc, y desde 1.940, numerosos patriotas resistentes.

Oficialmente les estaba totalmente prohibido tener ningún contacto con nadie del exterior, ni recibir ningún paquete, por lo que, dado el modelo de prisión, era casi imposible intentar una fuga sin ayuda desde dentro, y por ello, desde 1.943, la organización de resistentes franceses había comenzado a estudiar la manera de organizar la acción desde el interior de la prisión.

El 16 de octubre de 1.943, a las cuatro de la mañana, llaman a formar a 163 presos políticos, y después de cachearles minuciosamente, uno a uno, les bajan al patio. Sin más aviso, les hacen formar y empiezan a encadenarles. Durante la conducción, en la avenida más céntrica de Nimes, el Boulevard Jean Jaurés, los resistentes encadenados van cantando a voz en grito la Marsellesa y, muchos de ellos, también la Internacional (meses después, entre el 19 y 23 de febrero, esos mismos presos participan en la sublevación de la Prisión Central d´Eysses, que termina con el fusilamiento de doce de ellos.)

El resto de presos que quedan en la cárcel de Nimes, corren el peligro de ser deportados de un momento a otro, por lo que el Estado Mayor de la Resistencia francesa de la zona sur acelera la preparación de su liberación mediante una operación de rescate, consistente en el asalto a la prisión. La orden de realizar el ataque, para liberar a políticos que van a ser enviados a los campos de exterminio de Alemania, se da a mediados de diciembre de 1.943.

Cristino se traslada desde La Grande-Combe a Nimes con catorce de sus hombres, después de haber estudiado el plan de ataque con Gabriel Pérez y Pedro Vicente, y Carlos Alonso, a mediados de enero de 1.944.

Para realizar la operación era necesario disponer de un punto de apoyo y refugio de los guerrilleros, que a la vez sirviera para que los indocumentados y perseguidos pudieran esconderse mientras se les enviaba a otro lugar seguro, por lo que Cristino propone a Pedro Vicente alquilar una casa que reúna las condiciones apropiadas, ya que su mujer Josette es ciudadana francesa y no existirían inconvenientes en cuanto a los trámites para conseguirla. Unos días después, alquilan una casa en la calle de Arenes, a unos 150 metros de la prefectura de policía y no lejos de la casa cuartel de la Gestapo y sede de la organización paramilitar de los fascistas y colaboradores de la milicia francesa creada por el Gobierno de Vichí.

Poco a poco se van ganando la simpatía de ciertos guardianes, particularmente de un joven llamado Luis, mediante cuya colaboración consiguen levantar un plano de la situación y emplazamiento de la prisión hasta sus más mínimos detalles. Luis, se muestra dispuesto a colaborar hasta el final, siempre y cuando le garanticen que no va a haber derramamiento de sangre, y día a día, pasa las pistolas camufladas en la entrepierna, y las esconde en un sótano debajo de la viruta, al que pasa levantando una trampilla que a continuación cierra para no dejar el hueco al descubierto. Así consigue pasar más de 20 armas.

El 3 de febrero de 1.944, durante todo el día, van llegando escalonadamente, uno tras otro, los guerrilleros que van a participar en la operación rescate. El último en hacerlo es Cristino, acompañado de Enrique, el “Canario”. Todos llevan pistolas y algunos varias bombas de mano de fabricación casera. La operación está prevista para el día siguiente. Disponen de cinco vehículos, dos turismos y tres camiones, para evacuar a los presos una vez rescatados y a los guerrilleros encargados de escoltarlos.

Como la casa que alquilan está amueblada, la dueña de la vivienda tiene la obligación de declarar el cambio de inquilino, cosa que hace unos días antes. La casualidad hace que el día que se va a realizar el asalto a la prisión, cuando todos los guerrilleros españoles que van a participar en la operación se encuentran en la casa, llaman a la puerta a las 8 de la mañana cuatro agentes de la Gestapo, dos franceses y otros dos alemanes.

La mujer de Pedro Vicente, Josette, que acaba de cumplir 18 años, da pruebas en aquellas circunstancias de un aplomo admirable. Dice a los guerrilleros que se escondan y que le dejen a ella recibir a los policías, y contestando a las preguntas que le hacen, les explica que vive sola con su marido, que esperan la próxima llegada de sus padres, cuando se jubilen, y que su marido trabaja en las minas de Alès. Puntualizándoles que aquel día se encuentra en casa, por estar dado de baja por accidente, para someterse, en los servicios médicos, a la visita periódica de inspección. Ofrece una taza de café a los policías, que la rechazan, diciéndole que volverán al día siguiente.

Cuando por fin se despiden, y Josette se asegura de que se han alejado de la casa, Pedro y su esposa abren la puerta vidriera del salón y ven a los catorce guerrilleros, pistola en ristre, que los reciben jubilosamente felicitando a la estupenda joven por haber sabido sortear tan elegantemente el grave peligro de hacía unos instantes, que a todos les habían parecido siglos.

Al anochecer, entre dos luces, uno a uno van saliendo de la casa donde les esperaba el grupo de maquis franceses, que van a participar junto con ellos en el asalto a la prisión, y, liderados por Cristino, liberan a cientos de detenidos políticos.

La segunda proeza de Cristino consistió en la toma de la ciudad de Foix, capital de Ariege, el 19 de agosto de 1.944.

La Resistencia ordena a la 3ª División de Guerrilleros que conquistara la ciudad, un auténtico hervidero nazi, y Cristino se pone inmediatamente a elaborar el temerario plan. Piensa ejecutar la maniobra con el ataque simultáneo de sus tres batallones, pero, a la hora de iniciarlo, solamente cuenta con una unidad. Las otras tres marchaban a pie, debido a extrañas y coincidentes averías de los transportes.

Aún así, decide realizar la operación, sirviéndose del único batallón disponible, el de Abascal, reservándose emplear los tres restantes cuando llegaran a Foix. Con tan pocos efectivos, pone en práctica una antigua táctica de diversión: fingir un ataque por una zona y descargar el golpe en otra. Cristino deja que un pequeño grupo, con alto poder de fuego, atacara el puente a la entrada de la ciudad, sólidamente defendido por los alemanes, hasta convencerles de que la ofensiva llegaba por aquel sector.

En cuanto los alemanes reforzaron la posición atacada a expensas de los demás, lanza el resto de grupos contra las otras posiciones, debilitadas, con lo que provoca un gran desconcierto y logra una aparatosa retirada. Se repliegan todos en el Liceo y en él se hacen fuertes. A Cristino le falta dotación para sostener el cerco formal del Liceo y manda que Abascal salga a por municiones, mientras él aguanta con el resto de la gente.

Una telefonista, empleada en la PTT local, avisa al jefe de la División que los alemanes han pedido refuerzos y que sale de Tarascón un tren hacia Foix. Abascal y los tres hombres que le acompañan inutilizan el tren e inmovilizan los refuerzos que llegan en él, cazándoles en la estación con disparos de ametralladora y granadas de mano, hasta que los restantes se bajan del convoy con los brazos en alto, tras haber arrojado las armas. Así, inesperadamente, obtienen el refuerzo en armas y municiones que tanto necesitan.

Mientras llegan a Foix los otros tres batallones, someten el Liceo a fuego de mortero, siempre sin dejarse ver por los alemanes, solamente dejándose sentir, y pronto ondea una bandera blanca en el asta del edificio. Los prisioneros pasan a engrosar el número de los que se habían rendido en la estación unos instantes antes. Por el bando alemán, 80 muertos y heridos y 200 prisioneros. Por la Resistencia, dos guerrilleros muertos y otros dos heridos.

Muchos de los prisioneros alemanes hubiesen preferido la muerte a la vergüenza de tener que desfilar por las calles de Foix entre sus vencedores, un puñado de “astrosos terroristas”, que se habían atrevido a derrotar a un destacamento de la Wehrmacht.

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Los libertadores de Mauthausen

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En la puerta principal de Mauthausen una placa recuerda la 11ª División Acorazada de Estados Unidos con el lema: “Sus hazañas nunca se olvidarán”, pero la hazaña de la liberación de Mauthausen nunca fue registrada con exactitud, y los veteranos de la Thunderbolt no han sido capaces de ponerse de acuerdo ni siquiera en las circunstancias más elementales de la liberación del campo, aunque pese a las distorsiones y diferencias en los testimonios, hubo 5 fases, claras, en la liberación:
  • La partida de los últimos SS la noche del 3 al 4 de mayo, dejando el control a Kern y la Feuerschutzpolitzei de Viena.
  • Las negociaciones de Kern y el comité internacional de prisioneros (donde los españoles habían conseguido una posición de liderazgo) el 4 de mayo, y la noche del 4 al 5 de mayo.
  • La llegada de dos patrullas estadounidenses el 5 de mayo y el desarme y marcha de los guardas austríacos.
  • El control del campo por parte de los prisioneros, bajo un comité internacional, la noche del 5 al 6 de mayo.
  • El regreso de los estadounidenses el 6 de mayo.
La 11ª División Acorazada de Estados Unidos (Thunderbolt) comandada por el general Dager había establecido sus cuarteles generales en Schwanenstadt. La división estaba formada el 1 de mayo por 613 oficiales y 10.162 hombres. De las 3 brigadas de Dager (denominadas unidades de combate), la unidad A, dirigida por el general Holbrook, se acantonó en Walding, y la B, dirigida por el coronel Yale, en Gallneukirchen. La mañana del 5 de mayo, estos 2 comandantes de brigada enviaron una patrulla de reconocimiento en la dirección de Mauthausen, a través de sus cadenas de mando.

La compañía D, comandada por el capitán Odis Whitnell, cumpliendo las órdenes recibidas, envió al pelotón de Albert J. Kosiek (jefe del 1º pelotón de la Compañía D del 41º Escuadrón de Caballería Mecanizada de la Unidad de Combate B, acuartelado en Katsdorf, a 19 km. de Mauthausen) a investigar un punto importante alemán cerca de Mauthausen y a verificar el estado del puente de St. Georgen sobre el río Gusen, y Kosiek partió con 22 hombres, en 3 vehículos blindados de reconocimiento y 4 jeeps.

Llegaron a Lungitz, emplazamiento de Gusen III, y encontraron a los guardias totalmente dispuestos a rendirse, miembros de la brigada de bomberos de Viena, pero vestidos con uniformes de la SS. Kosiek destacó a dos hombres para que escoltaran a los guardias al cuartel general en Gallneukirchen, y continuó su camino en dirección a Gusen II. Al norte del río, el primer vehículo de Kosiak, comandado por el sargento Harry Saunders, interceptó una moto y un coche con bandera de la Cruz Roja internacional, conducido por Louis Haefliger, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja, que no hablaba ingles, junto al oficial de las SS Reimer. Kosiek y Saunders no hablaban alemán, pero si un miembro del pelotón, Albert Rosenthal, que pudo transmitirle a Kosiek que cerca había un gran campo de concentración con el nombre de Mauthausen, que el “hombre de la Cruz Roja estaba intentando contactar con un general estadounidense para la rendición del campo” y que “había 400 SS dispuestos a entregarse”.

Haefliger, informado del plan para aniquilar a la población de Gusen II volando los túneles de Bergkristall, convenció a Kosiek de que primero lograra la rendición de la guarnición local. Los SS habían colocado barricadas en las calles del pueblo, pero la gente las había retirado por la noche, por lo que Haefliger guió a la patrulla a la iglesia cerca de la que se encontraba la entrada a los túneles. Los SS habían huido, y solo encontraron a un comandante, oficial de la policía de Viena, vestido con uniforme SS (de esta acción, Kosiek no dejó constancia en su relato).

Kosiek seguía teniendo una misión que cumplir, y al verificar que el puente sobre el río Gusen estaba intacto, transmitió por radio las noticias al teniente Larkins, en Katsdorf, 2º al mando de la Compañía D, mencionando además los hechos de por la mañana, y la existencia de un gran campo de concentración.

A las patrullas de reconocimiento, se les permitía cierta flexibilidad (podían extenderse unos 10 o 12 kms.) respecto a sus límites, pero Kosiek no tenía órdenes de explorar ningún campo, y la distancia podía situarle fura del alcance de la comunicación por radio con la base, pero a pesar de las dudas de Larkins sobre el riesgo que correría el contingente, les dio permiso para avanzar, y la patrulla legó a Wimming, emplazamiento de Gusen I, que al principio confundieron con Mauthausen.

En Gusen I se encontraron una situación similar a las anteriores, los guardias no mostraron ninguna resistencia a la rendición, y Kosiek destacó al personal de dos de sus jeeps para que custodiaran a unos 40 guardias hasta el puesto de mando de Katsdorf, dando orden al resto de guardias de esperar antes de ser hechos prisioneros, permitiéndoles conservar sus armas para mantener el control del campo hasta la vuelta de los estadounidenses.

En el tiempo en que Kosiek permaneció en Gusen, otra patrulla llegó a St. Georgen desde el oeste. Una fuerza de reconocimiento del comando Wingard del general Holbrook, formada por 41 hombres del 3º pelotón, Compañía A, Batallón de la 55ª Infantería Acorazada, al mando del sargento Leander Hens, que tenían la misión de reconocimiento hacia las líneas soviéticas. Llegaron a St. Georgen por la mañana, en tres camiones semioruga con transmisores-receptores portátiles, y un transmisor de radio en el grupo, pero sin contacto con la base pues lo habían perdido al salir de Linz.

Vieron que algunos presos se habían escapado de Gusen II, y por los lugareños supieron de la amenaza de aniquilación, por lo que Hens destacó al sargento Robert Sellers al cargo de la ametralladora para que permaneciera en el pueblo y evitara que los SS llevaran a cabo su amenaza, y se dirigió con el resto del batallón al campo principal, pasando por Gusen I y II, sin bajarse, sólo deteniéndose brevemente para hablar con algunos presos.

Mientras tanto, Kosiek se dirigió al Campo principal, poniendo al frente el vehículo de Haefliger, dejando en las laderas de la subida al campo grandes cañones montados, y deteniéndose ante el Sanitätslager, dónde los americanos no podían creer lo que veían: “como si una gran fosa se hubiera abierto, los enfermos del hospital caminaban hacia ellos tambaleándose, como esqueletos vivientes, a medio vestir, casi desnudos o en harapos. Daban palmadas sin hablar. Tenían las manos tan enflaquecidas, pensó uno de los libertadores, que aquello sonaba como el palmear de las focas”.

El blindado de Sanders y uno de los jeeps se quedaron en la puerta del garaje de los SS, y el otro blindado y el jeep de Kosiek se dirigieron a la entrada principal, que se abrió mientras llegaban. Los prisioneros empezaron a salir en tropel, y Kosiek ordenó a su artillero disparar unas ráfagas por encima de sus cabezas para controlar la situación, y los prisioneros volvieron a entrar. Cuando Kosiek y algunos hombres bajaron y fueron andando hacia la entrada, se quedaron atónitos al ver miles de prisioneros abrazándose, llorando y cantando, con los españoles catando el Himno de Riego, y todos gritando una misma palabra (Liberté, Freiheit, Svoboda, Wolnosc, Szabadsag, Libertad). Algunos bailando, silbando, aullando, rotos en llanto, o, alguno también produciendo disturbios.

Kern, acompañado de un alemán que hacía de intérprete, se acercó a Kosiek para informarle de su rendición y la de los bomberos de Viena, pero que no estaban dispuestos a entregar las armas si se tenían que quedar solos en el campo, puesto que los prisioneros sanos se apresuraban a quitárselas. Pidió también la rendición de la fortaleza a un oficial, y Kosiek se presentó como tal, por lo que Kern accedió a rendirse si Kosiek ponía fin al tumulto que había en la cocina, dónde le llevo. Kosiek rompió la ventana, y viendo que la mayoría eran polacos se dirigió a ellos en su idioma, pero no funcionó. La restauración del orden en ese momento fue gracias al Comité Internacional, cuyo presidente, recién elegido, era Heinrich Dürmayer.

Kosiek y Dürmayer se subieron a la balaustrada donde se habían antes pavoneado Ziereis y Bachmayer, y desde allí, convencieron a los líderes de los grupos nacionales para que regresaran a sus dependencias mientras los estadounidenses desarmaban a los guardias, a los que ordenaron reunirse en la puerta principal, y depositar sus armas en 3 camiones requisados del garaje de las SS.

Estaban en el límite de cobertura por radio de Larkins, quién indicó a Kosiek que llevara andando a los guardias a los cuarteles generales en Gallneukirchen (a más de 25 km.).

No está del todo claro si había o no SS entre los capturados en Mauthausen. Los informes estadounidenses no hablan de prisioneros SS, pero varios ex prisioneros aseguraron que si, y dos SS que comparecieron más tarde ante un tribunal aseguraron haber permanecido allí hasta la llegada de los americanos...

En ese tiempo, la patrulla de Hens también pasó por el campo. Al llegar a la puerta del garaje, reconocieron los vehículos del 41º de Caballería. Lo 1º que recuerda Berg haber visto fue “tres esqueletos vivientes caer muertos de puro agotamiento al intentar pasar por las puertas abiertas”. La patrulla de Hens también examinó todos los elementos y lugares del campo, caminando entre pilas de cadáveres, y una hora más tarde, Hens reunió a su patrulla en la puerta, y al haberse salido del límite territorial de su misión y haber perdido contacto por radio, se replegaron, volviendo a St. Georgen para recoger a la sección de ametralladoras de Sellers, pero antes de partir hacia Linz, Hens conversó con los habitantes de St. Georgen y con los guardias y presos de Gusen I y II.

Mientras la unidad de Saunders estaba estacionada dentro y fuera del garaje de los SS, sus miembros recuerdan haber presenciado un momento de gran emoción cuando un grupo compuesto por prisioneros, casi todos catalanes, cogió a lazo el águila de bronce situado sobre la esvástica encima de la entrada del garaje, y lo tiró al suelo.

Los estadounidenses tienen varios recuerdos de aquel día, pero el más memorable para ellos fue cuando la banda de prisioneros tocó el himno de su país (que se habían aprendido la noche antes) mientras el pelotón de Kosiek formaba en posición de firmes y presentando armas.

Kosiek, consciente de que su patrulla no podía hacer más que mantener el orden, y sin autorización para permanecer en el campo, además de con el deber de salvar a 3 prisioneros estadounidenses que habían encontrado allí, informó al Comité Internacional de que las fuerzas estadounidenses estaban muy cerca, y de que un capitán y su compañía se pondrían en marcha tan pronto como él llegara a la base con las noticias.

Los camiones partieron con las armas pesadas de los guardias, y las armas ligeras que pudieron encontrar, tras elegir Kosiek y Saunders las que más les gustaban como trofeos personales, para repartirlas entre sus hombres, las rociaron de gasolina y las prendieron fuego. Escoltaron a los 1.000 guardias austríacos a su base, parando antes en Gusen a recoger a otros 800 que habían dejado allí, y llegaron a Gallneukirchen en la madrugada del 6 de mayo, donde el teniente coronel Richard R. Seibel mostró su absoluto asombro al ver a un pelotón de unos 20 hombres transportando al menos a 1.800 prisioneros.

El informe del 5 de mayo de 1.945 de la Thunderbolt hace poca referencia al descubrimiento de Gusen y Mauthausen. La noticia más importante del día era que el puente de hormigón y acero entre Urfahr y Linz había sido tomado al mediodía. Mientras que omitía que el puente ferroviario del pueblo de Mauthausen también estaba intacto, señalaba que la captura del puente de Urfaht-Linz privaba a todas las fuerzas de la Wehrmacht en Checoslovaquia de la posibilidad de retirarse al supuesto Alpenfestung. El otro hecho importante registrado el 5 de mayo se refería al orden de asignación de zonas a dos de las tres brigadas de la división al este de la Línea de Contención, mientras se enviaban patrullas a establecer contacto con el Ejército Rojo.

Los campos de Mauthausen y Gusen habían sido liberados de sus guardias, pero abandonados a la noche por los estadounidenses, con la promesa de volver al día siguiente. Bajo el punto de vista americano no había razones lógicas para que los prisioneros supervivientes no ejercieran la autodisciplina necesaria para permanecer en sus campos toda la noche, pero desde el punto de vista de los prisioneros la situación era diferente, ardían en deseos de vengarse de los Kapos, estaba la frenética ansia por comer, y queda el miedo a que los SS pudieran volver a la fortaleza.

Si en Mauthausen hubo un Comité Internacional que evitó los excesos, no pasó lo mismo en Gusen, pero esa ya, es otra historia.

Bibliografía: Españoles en el Holocausto; David W. Pike (Ed. Debolsillo).
"¡Oh, dulce nombre de la libertad!" - Marco Tulio Cicerón
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